Desde las redes

Talibanes y Daesh, contra el Gobierno de Kabul

Diecisiete años después de la invasión de Estados Unidos para acabar con los talibanes, en Afganistán no solo aumenta el poder de este grupo, sino que crece la presencia del grupo yihadista Daesh cuyo brazo afgano es el Estado Islámico de Joramsar, nombre histórico de una región que reivindican como parte de su «califato», incluido Pakistán. El despliegue de miles de soldados y la inversión de miles de millones de euros no han servido para sofocar el radicalismo en un país en el que el poder del Gobierno de Kabul apenas se impone más allá de las capitales de provincia. Sobre el papel, los atentados talibanes suelen estar dirigidos a las fuerzas de seguridad y a las instituciones gubernamentales, intentando no actuar de forma indiscriminada para no perder su amplia base de apoyo popular. Daesh, en cambio, sigue la táctica que emplea en Oriente Medio y golpea directamente a los civiles, sobre todo en zonas habitadas por la minoría hazara, seguidores de la rama chií del islam.

atentado

Los talibanes, que desde 1996 a 2001 ocuparon el poder en el país imponiendo una interpretación ultraortodoxa del islam, fueron expulsados de Kabul por Estados Unidos, pero nunca han perdido sus gobiernos en la sombra por casi todas las provincias del país. Tras la muerte de su exlíder, Ajtar Mansur, en un ataque de un avión no tripulado estadounidense, en mayo anunciaron que su nuevo líder es Hebatulá Ajundzada. Un relevo que llevó a la cúpula del movimiento a un histórico del grupo que ocupó diferentes cargos dentro del organigrama talibán desde la época del mulá Omar y que se distingue por ser más un líder religioso, que un comandante militar. Desde el Gobierno afgano confiaron en que el cambio abriría una puerta al diálogo, pero Hebatulá, como los líderes anteriores, es reacio a las conversaciones mientras se mantenga el despliegue de fuerzas extranjeras sobre el terreno.

Rivalidad

Los talibanes son el grupo insurgente más fuerte y organizado, pero desde 2014 sus acciones rivalizan con las de Daesh. Estos yihadistas escindidos de los talibanes juraron lealtad al «califa», Abu Baker Al Bagdadi, después de la autoproclamación del «califato» en Siria e Irak. Su bastión se encuentra en la provincia de Nangarhar, al este de Afganistán, y su agenda tiene un marcado carácter sectario. Las autoridades de Kabul aseguraron que los seguidores del «califa» llegaron a contar con 3.000 milicianos en su mejor momento, la mayoría llegados desde Pakistán, pero tras varias operaciones realizadas en coordinación con Estados Unidos en la actualidad no superarían los 1.500.