Historia Dominicana Relatos

Las primeras residencias de la colonia erigidas por Ovando

Edificaciones. Con ellas se creó la imagen de una ciudad moderna para la época. Estructura. Eran cerradas al exterior y abierto

Las residencias unifamiliares de la nueva ciudad de Santo Domingo, erigidas por Ovando, siguiendo el trazado de Santa Fe, habían sido construida a la manera del castro romano.

Estas edificaciones fueron erigidas en materiales duraderos: tapia, piedra y ladrillo. Con ellas se creó la imagen de una ciudad moderna para su época, ordenada, de dimensiones humanas, además, realizadas con detalles arquitectónicos o heráldicos que indicaban el orgullo de una sociedad triunfadora que regia el destino de las nuevas tierras americanas, pero que continuaba su entronque con la metrópolis europea.

La transformación

Si consideramos que a finales del siglo XV, los españoles usaron como vivienda los bohíos indígenas encontrados en la isla, en las villas creadas por la familia Colón; el cambio durante el periodo del gobernador Ovando marco una gran diferencia, al erigir las viviendas unifamiliares con una distribución de espacio interior, similar al usado en la España de la época (ultimo momento del gótico) y una expresión nueva en fachadas de viviendas de una o mas plantas, en donde el estilo arquitectónico se señaló en vanos, antepechos y nacientes y tímidos balcones, que caracterizaron la tipología, en la ciudad. Siguiendo como modelo las casas andaluzas del sur de España.

Más de un nivel

Las cubiertas de estas viviendas, así como los entrepisos, en casas de mas de un nivel, fueron realizadas utilizando vigas de madera como soportes, sobre las que descansaba un nuevo entramado (alfajías) que sostiene los pisos de ladrillo o las tejas planas de las cubiertas, dotadas de pendientes de poca inclinación, para evacuar las aguas de la lluvia, abundantes en esta isla tropical.

La vivienda se presentó cerrada al exterior y ampliamente abierta a patios y jardines, en la zona posterior, por medio de logias constituidas por aradas, sobre columnas o pilastras. Las puertas y ventanas estrechas y altas porque aun, se debían proteger de ataques y acechanzas a los habitantes de la casa.

Su función era iluminar y ventilar lo necesario las habitaciones que miraban a la calle; pero, a pesar de sus dimensiones, estos vanos fueron ricamente ornamentados con relieves de piedra o ladrillo, dependiendo del estilo arquitectónico.

Las mensulas de sostén de balcones eran usualmente en madera o piedra, existiendo algunos modelos realizados en ladrillo que se proyectaban en hiladas superpuestas sobre el exterior de la fachada.

En el interior

Los espacios fundamentales de la vivienda eran: sala de recibo, despacho profesional o comercial, comedor y terraza de descanso.

La cocina y las letrinas se instalaron en anexos exteriores, comunicados por aleros.
En muchas casas la planta arquitectónica era un rectángulo que poseía en uno de sus extremos, un cuerpo perpendicular, llamado comúnmente martillo, en donde ocurrían las mencionadas funciones.

El patio

El patio de la casa estaba dividido en dos secciones, la primera que se desarrollaba frente al martillo, estaba destina da a siembra de plantas medicinales o para la cocina.

El segundo patio o traspatio, consistía en la huerta, allí se sembraban árboles frutales y plantas que servirían a la mesa también. Allí se levantaba el gallinero, el establo y la cochera, además de las dependencias del servicio.

Distribución

—Las habitaciones
Los dormitorios fueron colocados en la zona interior de la vivienda o en el piso alto, si la casa era de más de un nivel.

*Por MARÍA CRISTINA DE CARÍAS, CÉSAR IVÁN FERIS IGLESIAS Y ºCÉSAR LANGA FERREIRA

Un pozo compartido

Interior. En sus patios se construyó un pozo para contar con el agua necesaria para la vida doméstica. Fue costumbre colonial que este pozo se produjera en los límites de la propiedad con el vecino, de modo que pudiera compartirse el servicio de aguas, entre dos familias. Además, contaban con un aljibe para recoger las aguas de la lluvia.

Avanzando el siglo XVl, la vivienda unifamiliar, dependiendo del usuario, llegó a convertirse en un verdadero palacio, no solo por su dimensión, sino por la ornamentación de las fachadas y el uso de torres o loggias, para destacar la importancia socio política y económica, del propietario.

Uno de estos palacios que enriquecen la ciudad de Santo Domingo, es el del contador y notario Don Francisco de Tostado.

Erigido en el cruce de las hoy calles Billini y Meriño, es una notable construcción de tres niveles que hoy en día adolece de los terrenos en donde se levantaron los huertos y jardines que se prolongaban hasta la orilla del mar.

Tomado de https://eldia.com.do